Cosmovisión, arte y religión (Benín)

Cada vez lo tengo más claro: antes viajaba esencialmente para ver monumentos, a ser posible, los “típicos” y “más conocidos de cada país”. ¿Pero qué significa cuando hablamos de “conocer otras culturas, otros modos de vida”? Es una generalización que, si se escarba un poco, nos damos cuenta que no quiere decir nada en concreto. Es decir, que no explica nada determinado.

El primer arte de la historia, el arte primitivo, tenía como objetivo que los cazadores representaran su visión del mundo. No era tanto para decorar las paredes de la cueva  como para dar un sentido más trascendente a su modo de vida: la caza como supervivencia y perpetuación de la especie. No fue hasta el Renacimiento cuando el arte adquirió un sentido eminentemente estético hasta, en mi opinión, diluir del todo su objetivo original, hasta acabar en un denigrante “este cuadro es bonito” y visiones parecidas. El arte, originalmente, era un arte abstracto, y así llegó hasta principios del siglo XX, en una especie de círculo que se cierra. La representación de conceptos. La representación física de la cosmovisión, o como se ve el mundo en una época determinada.

¿Y cómo se ve el mundo actualmente, se represente o no artísticamente? La globalización por un lado hace más patentes las diferencias, mientras que fomenta el intercambio. En Occidente mucha gente abraza el budismo, en Oriente se “occidentalizan” y los islamistas radicales quieren imponer su religión: es decir, su visión del mundo. ¿Viajamos para ver “lo típico” de un país? Por supuesto. Pero para mí lo más interesante de esto “típico” es su visión característica del mundo. Y en un mundo con grandes religiones, aquel país con unas creencias propias lo hacen especialmente atractivo. Porque es diferente, único y particular. Sí, podemos visitar el Taj Mahal, el Machu Pichu, las pirámides de Egipto o la Gran Muralla china porque sólo están ahí. Pero más interesante es, en mi entender, donde hay una cosmovisión propia. Porque no es algo solo físico del que gozar desde un punto de vista estético. Es algo que abarca toda la manera en que viven los habitantes de un lugar. Y contemplar eso es, a mi entender, el mayor aliciente al salir fuera.

Acabo de volver de Benín, un país de mayoría cristiana pero con una religión propia, el animismo, o vudú. No todos los países pueden afirmar que tienen una religión característica. Nos ha llegado la imagen de zombies y muñecas con agujas clavadas…nada más lejos de la realidad. El vudú es un credo monoteísta que nada tiene que ver con las historias de miedo hollywoodienses.

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Niño ante un templo vudú

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Tribunal de justicia vudú: lo que cuelga del techo es un ataúd

Benín tiene asimismo  unas costumbres que pueden chocar con las nuestras. La antropofagia era legal hasta 1984 y se dice que algunas tribus aún la practican: no es el “canibalismo” que también nos ha llegado. Se dice que los jefes de ciertas etnias, aunque es ilegal, aun comen un pedazo de corazón del líder muerto al que sustituyen: sazonado y especiado, para que sea más digerible: para ellos la sabiduría está en el corazón, y se transmite de esta manera. Vi asimismo tribunales de justicia muy particulares, me explicaron que algunas familias aun entierran a los muertos en el suelo de sus casas y muchas otras particularidades  y restos de sacrificios realizados en rituales vudús. En muchas tribus se escarifican y se tatúan el rostro: como señal de pertenencia y también como atractivo sexual. Las mujeres, anteriormente, se tatuaban el vientre en el momento de quedarse embarazadas, como señal de belleza. Algunos niños tienen una cicatriz bajo el ojo: son los “abicúes”: cuando una madre pierde uno o dos niños, al siguiente se le hace este corte, para que el demonio no lo reconozca y no se lo lleve.

 

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Los fulani, una de las pocas tribus nómadas de África, se tatúan el rostro como si fueran gatos.

Esta visión del mundo me parece fascinante. Aunque cuesta sin duda no juzgar ciertas prácticas. Y si se hace, es fácil ser acusado de superioridad moral. En cualquier caso, es apasionante ver lo que de forma demasiado simple denominamos “conocer otras culturas”. Pero no es más que esto. Contemplar como hay otras formas de ver la vida, y de representarla. La cosmovisión, más que cualquier otro aspecto, y más sin duda que el arte y la gastronomía o las costumbres (que también, por supuesto, y mucho) es quizás para mí el aliciente principal al acudir a un lugar. Y lo que es porque es anterior a todo lo otro. Es la causa de lo que vemos en un viaje.

Detrás de la forma concreta de un edificio, una forma de vestir, de comportarse, de expresarse o de decorar una casa, detrás de todo lo que vemos, hay algo único: una moral. Su moral. Su visión del mundo. En un lugar, es tan interesante (o mucho más) la idea de justicia que hay en ese lugar que sus estilos artísticos. Tanto su ética como su estética. Lo que se ve y lo que no se ve. Vemos las consecuencias, pero pocas veces las causas. Un pueblo…¿cree en el más allá?¿en los espíritus?¿en el alma?¿cuál es para sus habitantes el sentido de la vida?¿qué es lo justo?¿qué es el bien y el mal para este pueblo? Nos quedamos en la representación de todo ello, cuando no sólo con la anécdota.

Me interesa lo que veo. Lo humano y lo que ha hecho el ser humano. El arte, entre otras cosas. La mirada, el vestuario. Pero me interesa no por lo qué es, sino por lo que hay detrás de él. O, mejor dicho, lo que hay antes de él. Creo importante, para viajar con atención, ver también el “por qué”, y no solo el “qué” ni el “cómo”. Solo hay algo fuera de ello, algo que no se mide en estos términos, pero igual de interesante: la naturaleza.

 

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Sacerdote en interior de templo vudú

 

 

 

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One Reply to “Cosmovisión, arte y religión (Benín)”

  1. Buff, qué entrada más potente, Xavi… Después de haber leído tu diario en Los Viajeros y ahora esto, definitivamente pienso que Benín es un lugar del que por primera vez veo y leo algo (no me refiero al nombre, que hasta ahí llegaba..), que me resulta tan interesante como inquietante. Tal y como lo describes -de manera fabulosa, sobra decirlo- entiendo que es un lugar en el mundo al que el propio mundo no ha llegado… Curioso. No sé si me atrae, no sé si aunque me considero despojada de muchos prejuicios, no se me haría complicado, no de entender, sino de asimilar. Me gusta mucho el enfoque de tu entrada, la reflexión sobra la manera de apreciar no sólo lo que nos regala la vista y, sobre todo, y como ya te he dicho en más de una ocasión, tu manera de viajar. Sigue aprehendiendo así el mundo y sigue contándonoslo!

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