Lalibela (Etiopía)

Estuve en Semana Santa del 2017 en Etiopía…aunque en este post sólo hablaré de Lalibela, quiero comentar el por qué quise visitar ese país: el año anterior había estado dos veces en América y tres en Asia, así que me apetecía cambiar de continente. La idea de este país me rondaba la cabeza desde hacía años, a raíz de ver unas fotos de las iglesias excavadas en el suelo. Al buscar información para acabar de decidirme vi que era un país con una oferta tanto de cultura como de naturaleza (no todos los países africanos pueden presumir de ello), y esto es lo que mayormente busco cuando viaje (que el país tenga, en la medida de lo posible, ambos elementos). El hecho de tener mucha personalidad propia al no haber sido nunca colonizado, tener un alfabeto único y ser el país de África con más lugares patrimonio de la humanidad me hicieron acabar de decidirme. Comentar también que siempre viajo por libre y, si puedo, en transporte público, pero esta vez tanto por la falta de tiempo como por la obligatoriedad en según qué casos de pillar agencia (Danakil) tuve que pillar vuelos internos así como transporte privado. De no haber sido así, el itinerario, que fueron 11 días, lo habría tenido que hacer en el doble de tiempo. Y no lo tenía. También comentar que me gusta mucho ir por libre (en el caso de las iglesias de Lalibela, explorarlas a mi aire), investigar y hablar con la gente, lo cual no quita que no busque cierta bienestar y, por tanto, si tengo que pagar 50 euros por una habitación limpia y cómoda (nada de lujos) pues lo haré, en lugar de pagar 15 y pasarlo mal. No voy a un país a sufrir ni pienso que cuantas más pulgas te piquen más auténtica es la experiencia en este país. Lo digo por algunos viajeros que vi, gente con posibilidades económicas pero que, no sé si por cierto sentimiento de culpa o algo, parece que les guste pasarlo mal porque así creen equiparar su vivencia a la de la cotidianidad de la gente del país pobre que visita. O que se quejan porque les han cobrado un precio “faranji” (extranjero) de 80 céntimos de euro por la cerveza cuando los locales pagan la mitad, cuando en su país la pagarían 4 veces más cara. En este sentido, hay capítulos de la guía Bradt (los referidos a la tacañería de algunos viajeros que se creen “auténticos”) que me han gustado muchísimo y con los que estoy plenamente de acuerdo. No sé a qué venía este tema, pero me apetecía comentarlo. Mencionar asimismo, antes de entrar en materia, que disfruto muchísimo haciendo los itinerarios antes de un viaje: me encanta leer, documentarme, escoger, hacer la ruta, volver a hacerla, etc…He viajado a más de 50 países y me encanta aunque no es fácil. Con todo, debo decir que la planificación de este ha sido de las más difíciles: el disponer de poco tiempo y querer aprovecharlo, junto con pensar alternativas sabiendo que podría haber cosas que no fueran bien, la elección de la aerolínea (siempre pillo la más barata pero en este caso había que mirar si compensaba pagar un poco más e ir con Ethiopian Airlines, por los descuentos en los vuelos internos), cuadrar el calendario en función del inicio del tour del Danakil (no todas las agencias salen cada día en temporada baja), los horarios de vuelos internos que no me convenían…en fin, fue todo un rompecabezas.

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El vuelo a Lalibela desde Adís Abeba salió puntual aunque tuve algún problemilla anecdótico. Sin aviso de ningún tipo días atrás miré el estado del vuelo en la web de Ethiopian y me ponía que el horario no había cambiado pero que no sería directo, sino que haría parada en Gondar. Llegaría una hora más tarde, pero bueno, ningún problema. Al sacar la tarjeta de embarque me dicen que la parada será en Bahir Dar. OK, me da igual. Al llegar al destino, me quedo en el avión. Justo antes de volver a salir, me piden la tarjeta de embarque, me preguntan dónde voy, digo “Lalibela”, y me dicen “Esto es Lalibela”. O sea, que al final era directo y yo casi me paso de largo.
Me subo al min-van del hotel (el Harbe, muy recomendable, un hotel nuevo, con habitaciones amplias, muy limpio y confortable, con balcón y buen trato del personal) y quedo con un guía para las iglesias para las 14:00. Eran las 12:00 así que decido ir primero por mi cuenta, porque tenía muchísimas ganas. Lo que no sabía es que cierran de 12 a 14 para algunos servicios y ceremonias. Así que entro por la carretera sur (la que sube, para entendernos, sin mapa ni nada, veo la primera iglesia (la de Santa María), con la entrada desde la carretera, y me meto. Y empiezo a flipar: se estaba haciendo un servicio, con los sacerdotes cantando, dando vueltas a la iglesia y llenando todo de incienso. Teóricamente no estaba abierta al público, pero yo no lo sabía, porque la puerta estaba abierta (repito, era la entrada sur, no la que da a la parte de arriba, es decir, donde se compra la entrada). Aluciné muchísimo. Encontrarse con esa ceremonia, yo solo, con toda la ambientación, en ese marco arquitectónico…es impresionante. Fui a la otra iglesia monolítica de ese grupo, la de la Santísima Trinidad (si acaso la más grande del grupo sureste) y luego a comer y a citarme con el guía. Éste me lo recomendó el hotel, y era un poco rancio. Si queréis paso el contacto, pero el hombre era algo parco en palabras. No pido de un guía que sea mi amigo, pero al menos sí que muestre algo de entusiasmo…en fin. Lalibela se puede hacer por libre o con guía. Yo hice los dos grupos de las dos maneras. Por un lado, ir con guía te permite meterte por pasadizos y túneles que quizás si vas solo no encuentras, y te explican más pinturas e incluso pueden hacer coincidir las visitas con los servicios. Pero ir por libre también es muy recomendable. Me encantó ir a mi aire, subirme arriba para tener un foto general, volver a bajar, contemplar a la gente con calma…etiopia10.jpg

 

Lalibela es de lo más interesante que he visto en todos los viajes que he hecho. En definitiva, con el guía visitamos el mismo grupo que había visto yo solo por la mañana, tras comprar la entrada (que se puede pagar en euros –son 48- y te ahorras la comisión del cambio) y encontrarme con un funeral (impresionante como la gente rodea el ataúd y todo el mundo llora, mientras otro grupo canta, y todo el mundo va vestido de blanco…fue muy emocionante). Luego, una vuelta por el pueblo, donde los chavales te atosigan a cada momento y realmente cuesta ser amable para desprenderte de ellos cuando no puedes pasear tranquilo y 50 personas (y no exagero) te han preguntado lo mismo una y otra vez. Para cenar, injera (por supuesto) con carne.

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El segundo día tocaba visitar el otro grupo de iglesias (el noroeste), además de San Jorge (Bet Giorgys). Me levanté temprano y me fui solo a la iglesia de San Rafael. Fue bonito, no había ni un solo turista y el sacerdote la abrió para mí. Fue muy interesante porque era sábado, día de mercado, así que la gente de las montañas y poblaciones de alrededor bajaban a Lalibela a vender sus productos. Fue una imagen realmente bonita, decenas de personas cargando fardos con cereales o llevando gallos o corderos pasando por esa iglesia, que más bien parece una fortaleza (se dice, de hecho, que era el castillo del rey Lalibela). Visité alguna más de ese grupo (no todas), fui a Bet Giorgys (la única con planta de cruz griega, y la imagen más típica de esta ciudad) y de allí al mercado para ver el magnífico ambiente. Comer (adivinad lo qué) y luego visita al mismo grupo con el guía. Increíble que puedas recorrer todas las iglesias mediante túneles “secretos”.). Me había gustado tanto todo que volví por tercera vez a visitar el grupo del sudeste, recorriendo solo y ya cuando cerraban las dos iglesias monolíticas de ese grupo (María y Trinidad). Después, una última vuelta por el pueblo (donde me encontré con unos estudiantes que no eran de Lalibela y que realmente querían charlar sin venderme nada, y fue bonito) y a ver la puesta de sol en ese paraje que recuerda algo al Grand Canyon desde el hotel Old Abyssina, al sur.

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Había pasado dos días inolvidables en Lalibela. Como se ha dicho, lo bonito del lugar es que está vivo. No solo es arquitectónicamente impresionante y único, sino que en él se celebran los rituales de la misma manera que hace 1000 años. Ver los cánticos de los sacerdotes, ver los devotos vestidos con túnicas dar vueltas a las iglesias o pasarse el día leyendo biblias antiquísimas…el contraste entre el marrón de la piedra de los edificios y el blanco de las vestimentas crea imágenes muy bonitas.

 

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