EL CRECIENTE ALECCIONAMIENTO SOBRE EL «DEBER» DE VIAJAR

Cada vez abunda más el proselitismo, el aleccionamiento e incluso la soberbia en el mundo viajero. ¿Cuántas veces escuchamos últimamente frases como “quien no viaja no vive”, “la vida es un libro y quien no viaja no pasa de la primera página” y cosas así? A mí me encanta viajar, es mi pasión. Viajo mucho, organizo viajes, escribo libros sobre viajes, imparto cursos y conferencias sobre viajes…es prácticamente todo mi mundo. Pero nunca, absolutamente nunca, se me ocurriría decirle a alguien “debes viajar”. No en el sentido de que al viajar se realizará a nivel personal y cosas así. Cada uno encuentra el sentido de la vida en aquello que quiere, aquello que le llama. Y esto es diferente en cada uno, nos guste a los viajeros o no.

No, no se “debe” viajar. Hay quien se realiza con la meditación sin salir de casa, hay quien se realiza teniendo y educando a un hijo (o varios), yendo al cine, acabando unos estudios deseados o como sea. Viajar es un sueño tan bonito (y una realidad tan bonita) como puede ser cualquier otro. Hay quien no quiere viajar porque no le motiva, y su opción es tan válida como la nuestra. Pero vemos como bichos raros, incluso como desgraciados, a quien pudiendo viajar no lo hace. Consideramos que esta persona “no vive”. Sinceramente, me empieza a cansar el sermoneo, el aleccionamiento y el dogmatismo creciente en el mundo viajero. Cuando escucho cosas como «viajar es la mejor escuela» o «ver mundo es la mejor universidad que hay» o frases similares, no sé si reír o llorar. Si no hubiera habido gente que se ha tirado años estudiando ingeniería, los viajeros no nos hubiéramos podido subir a un avión. Pretendidamente al viajar se aprende a tolerar y comprender (otras culturas) y paradójicamente parece casi intolerable que haya quien considera que viajar sea algo no excepcional.

Un amigo al que le encantaba viajar no lo pudo hacer durante más de diez años porque tuvo que cuidar a su mujer, enferma de cáncer. ¿Yo a esta persona le diré que realmente no vive porque no viaja? ¡Hizo algo mucho más valioso, algo que de verdad dio sentido a su vida! Se está cayendo en una autoindulgencia (hablo generalizando del colectivo de viajeros, lógicamente hay muchas excepciones, aquellos que no pontifican, ni dan lecciones) que me sorprende e incluso entristece. Este amigo mío seguramente comprendió mucho mejor de qué va la vida en el fondo que muchos que han viajado por decenas de países y van aleccionando, e incluso mirando por encima del hombro, a quien no lo hace. Sumar países pisados no te convierte automáticamente en una persona sabia.

¿No es esto que hizo mi amigo más profundo, más trascendental, que simplemente irse a otro país, por muy entretenido que sea o incluso habiendo supuestamente aprendido algo de la vida? Y con esto me refiero a cosas como conocer otras culturas para ser (supuestamente) más tolerante o estar en un lugar desconocido y superar dificultades. Pensadlo bien…esto mismo puede hacerse sin salir de tu ciudad. Puede hacerse sin salirse de la llamada “zona de confort”, un término absolutamente ridículo.

Yo he tenido la suerte y la inquietud de realizar otras actividades que de algún modo trascienden: he escrito libros que sé que han gustado e incluso inspirado a gente. Y he compuesto, grabado y tocado música en una banda, con lo que he publicado discos y realizado más de cien conciertos. En ambas actividades he aprendido algo sobre la vida, he crecido como persona, me he divertido y se ha trascendido en otros. ¿Digo esto para fardar? No, lo digo porque yo mismo sé de primera mano y en mi propia carne que viajar no es la única actividad que la gente “debe” hacer para dar sentido a su vida y llenarse, porque yo mismo he realizado dos o tres así. De hecho, en ambas actividades he viajado: como escritor, para presentar mis libros y, como músico, haciendo giras para tocar conciertos y presentar mis discos. Con lo cual esas aficiones serían “más meritorias” o “deberían dar aun más sentido a mi vida” que “solo” viajar. Pero no, no funciona así.

Y no me refiero solo al ámbito del viaje como afición, que en el fondo es lo que es. He visto a guías, una actividad que también desarrollo, diciendo que su oficio “era el mejor del mundo”. A mí ni por asomo se me ocurriría decir algo así. Es que no entiendo cómo se puede generalizar de esta manera, de verdad. Quien investiga y descubre soluciones para enfermedades puede decirlo. Quien cuida a enfermos, minusválidos, ancianos o animales puede decirlo. Quien se juega la vida para apagar un fuego puede decirlo. Quien trabaja en el sector de los viajes, no. Lo siento, pero no.

Porque… ¿no es más bonito tener un oficio, incluso una afición, en el que se ayude a otros seres, sean humanos o no, o amar incondicionalmente, o cualquier otra actividad que realmente aporte algo a los otros? Cualquier voluntariado, estoy seguro, llena más, enseña más y te ayuda a realizarte más que cualquier viaje. Entonces, ¿por qué cada vez más se considera viajar casi como el súmmum de cualquier sueño o actividad humana? Hay quien busca e incluso encuentra, si lo tiene, el sentido de la vida, sin salir de su ciudad. Simplemente estando consigo mismo. O, ya no digamos, amando y cuidando a otros. Esto es realmente lo valioso.

Foto: Grecia, 1997. Con una Sony Handycam, porque antes se grababa solo para verlo uno mismo (o máximo la familia)

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