Azerbaiyán

Dos semanas en este magnífico país: la primera en solitario y la segunda guiando un grupo para Pole Pole Travels

Hacía más de dos años que quería ir a este país. Cuando visité Chipre y Arabia Saudita, a principios de 2024, pensé ir a Azerbaiyán en la Semana Santa de ese año, e incluir ese viaje en mi “La sangre no arde”, mi libro sobre Oriente Próximo. Había visitado e incluido Armenia, así que era de justicia dar voz también a su enemigo en la reciente guerra de Karabaj. Finalmente deseché la idea y me fui a Sicilia. El libro ya hablaba de 10 países, meter a Azerbaiyán no hubiera aportado demasiado y me quedé con ese número redondo. Pero me quedé también con las ganas de ir. Y me prometí a mi mismo, como si fuera una especie de justicia poética, que iría una vez cobrara los primeros royalties de la venta de ese libro. Pero dispuesto a ir, pensé que no sería mala idea ofrecerlo como destino de Pole Pole travels, y así fue.

La primera semana de mi viaje la hice por libro, visitando la curiosa ciudad de Bakú, donde los edificios futuristas gracias a la riqueza del petróleo contrastan con los bellos edificios tanto de estilo oriental como de estilo modernistas (no en vano el primer boom económico fue a principios del siglo XX, cuando Azerbaiyán comercializaba la mitad del crudo de todo el mundo, lo cual posibilitó la construcción de edificios de estilo europeo, y uno pasea por el centro de la ciudad y bien podría pensarse que está en París o en Viena). Sin olvidar las construcciones de estilo soviético, y es que pertenecer a la URSS durante 70 años dejó una impronta evidente. En esta semana en solitario visité también una zona preciosa, la de Khinalik, donde hay pueblos en los que se habla un idioma propio, el ketsch. Es una zona en el Cáucaso de gran belleza y a la que llega el transporte público.

Con el grupo, formado por 10 magníficos viajeros, visitamos de nuevo Bakú, cuyo casco antiguo es Patrimonio mundial, además de dos patrimonios más: Sheki, con el espectacular palacio de los khanes, y el Parque nacional de Gobustán, con centenares de petroglifos prehistóricos.

Azerbaiyán me ha gustado mucho por su mezcla de civilizaciones; es un compendio de Europa, Asia Central, Irán, Turquía y Unión Soviética, sin olvidar el zoroastrismo, importantísimo y que de algún modo dio nombre al país, que significa «Tierra de fuegos». El legado de cada uno de estos pueblos es bien patente y su variedad de elementos aunque parezca una contradicción, le otorga mucha personalidad. Un país fascinante, variado e interesantísimo; sin duda la menos conocida de las tres repúblicas caucásicas

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