San Francisco y un “road trip” por el sudoeste de Estados Unidos

Ya he mencionado en un post anterior que realizar un “road trip” por Estados Unidos tiene algo de mítico para cualquier viajero. Hay muchas opciones, pero la más “típica” es la que incluye lugares como el Monument Valley, los parques nacionales de Grand Canyon (Arizona), Bryce y Zion (Utah) y Yosemite (California), además de, opcionalmente, parte de la ruta 66 (que va de Chicago a Los Angeles) o el Big Sur, en la costa del Pacífico, sin olvidar la ciudad de Las Vegas, que es parada casi obligatoria.

Por falta de tiempo, sólo pudimos hacer San Francisco y un breve “road trip” de una semana, que empezamos en Phoenix y acabamos en la ciudad de los neones. Así pues, casi no hicimos nada de California. Ésta fue la ruta:

Día 1: La idea era empezar por San Francisco, donde llegamos al mediodía. Ningún problema ni colas en la aduana, al contrario que las dos anteriores ocasiones en que habíamos viajado a Estados Unidos, entrando por Nueva York. Estábamos alojados en una casa particular que encontramos en AirBnB. Los propietarios, una pareja joven muy simpática, nos acogió y la verdad es que me alegro de la experiencia: mejor que un hotel, más personal, y puedes ver como vive la gente local. El barrio, Noe Valley, muy auténtico y la casa,  la típica victoriana. Más no se podía pedir. Esa misma tarde nos podían más las ganas de visitar la ciudad que el cansancio y el jet lag, así que nos fuimos a dar una vuelta por Mission, que estaba a unos 20 minutos andando. Uno de los barrios con más encanto de la ciudad, y es que si en los 50 era North beach donde estaba todo el ambiente cultural, con los beats, y en los 60 fue Haight Asbury con los hippies, es en Mission donde ahora se cuece la cultura y, sobre todo, la contracultura de la ciudad. Un barrio latino, con preeminencia de mexicanos y centroamericanos y decorado de murales reivindicativos. Muy interesante. Para cenar, fuimos a Castro.

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Día 2: Tocaba el primer día completo en Frisco…si se quiere saber lo que hay que visitar existen multitud de guías. Yo daré mi visión personal: Union Square, buen punto de inicio de ruta, Nob Hill y Russian Hill, las colinas con casa señoriales, me lo imaginaba más bonito (cierto que se destruyó casi todo en el terremoto de 1906), Fisherman’s warf, turístico pero interesante, y a comer a North beach (a un restaurante italiano, por supuesto). Por la tarde, hacer el barrio, incluyendo la biblioteca beat City lights, Jackson y el distrito financiero, con bonitos rascacielos. Lo peor: el frío que hacía en agosto, equivalente a un otoño mediterráneo. No me lo esperaba y esto hizo que no acabara de disfrutar la ciudad. Volvimos a Market street y realmente el ambiente en Civic center da un poco de miedo, así que preferimos ir a cenar a un mexicano a Mission, que estaba más cerca de nuestro alojamiento.

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Día 3: Hoy tocaba Haight Asbury, con brunch incluido, Golden gate park (fallo nuestro por no alquilar bicicleta) y el Golden gate…el problema fue que no pudimos llegar porque el autobús tardó más de una hora en llegar e iba lleno. Aquí nos percatamos de uno de los principales problemas de la ciudad: el servicio de transporte es muy deficiente. El tren rápido, que actúa como metro, solo hace una línea en la práctica (la que va del aeropuerto hasta Oakland pasando por el centro), y para ir de un lado a otro hay que ir cogiendo uno, dos o hasta tres autobuses y trolebuses. En este sentido, la ciudad me decepcionó bastante.

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Día 4: Último día en SFO…esta vez sí, cogimos una bici en Marina y pudimos ir en un bonito paseo hasta el Golden gate. De allí, andando hasta Chinatown, donde comimos. Me gustó el barrio, lo vi más auténtico que otros chinatowns de otras ciudades norteamericanas. A la tarde, recoger las maletas, despedirnos no sin tristeza de los propietarios de la casa y en tren hacia el aeropuerto. La idea era volar hasta Phoenix y empezar allí un road trip de una semana.

 

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Alquilamos el coche con Alamo (muy bien) hacia el hotel, que lo habíamos reservado temprano. Era la 1 de la noche.

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Día 5: Nos levantamos temprano y en marcha…la idea era atravesar Arizona e ir a dormir a Flagstaff, previa visita al pueblo. De lo previsto, hicimos la mitad: el Red slide park estaba cerrado, así que solo pudimos visitar el Red rock. Es bonito…un buen inicio. Lógicamente no es el Grand Canyon; es un parque estatal, no nacional (para entendernos, de una “categoría inferior”), pero es bonito, no había nadie y para ser una primera aproximación a la naturaleza del lugar estuvo bien. Un río, un bosque con ciervos, grande rocas rojizas…

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Comimos en Sedona, donde no hay nada, y a pesar de llevar GPS dimos unas cuantas vueltas que hicieron que al llegar a Flagstaff ya fuera de noche…lástima porque tiene un par de calles bonitas y tampoco no pudimos disfrutar de la Ruta 66. No teníamos reserva; nos quedamos en el primer motel que se ajustaba a nuestras condiciones económicas (un Quality Inn algo antiguo pero limpio…correcto sin más).

 

Día 6: uno de los “highlights” del viaje, el Grand canyon. La verdad es que superó mis expectativas…brutal, espectacular. Solo un “pero”, y no lo digo en broma: igual que está prohibido ensuciar el suelo o dar de comer a los animales, tendría que estar prohibido hablar en los miradores. Es una lástima tener delante de sí el cañón, impresionante, hipnótico, una de las maravillas de la naturaleza en este mundo…y tener que estar aguantando los gritos de italianos, franceses y españoles (los más ruidosos, según pude constatar en todo el viaje, y no necesariamente en este orden). Lo de la prohibición lo digo en serio, te pierdes la mitad de la experiencia del lugar porque no lo puedes acabar de disfrutar del todo por culpa de la gente.

Hicimos andando desde el Mather point hasta el inicio del Bright angel’s trail…un recorrido muy accesible, que quizás a algunos caminantes expertos les pueda parecer poco aventurero, pero muy recomendable…unos 4 quilómetros en los que vas bordeando el cañón y tienes vistas todo el rato. Mención especial para la organización y facilidad de este y casi todos los parques de Estados Unidos que pude visitar…adaptados para todo tipo de visitantes, con fuentes de agua gratuita, muy bien señalizados y totalmente limpios. Aquí tenemos que aprender muchísimo todavía. Salimos y fuimos en el shuttle hasta el Grandview point (excelente) y luego al salir en coche hicimos en parada en el Deadview point (excelente también y además se ve el río).

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Salimos hacia Monument valley, nuestra próxima etapa. No teníamos alojamiento reservado; nuestra idea era dormir en Tuba o Kayenta…la verdad es que me sorprendió la poca infraestructura hotelera de la zona; pensaba que al ser un lugar turístico habría más oferta en los pueblos. Pues bien, en Tuba solo había sitio en una escuela navaja habilitada como hostal en verano; es decir, una residencia que cuando no había colegio se usaba para alojar visitantes. El lugar se veía anticuado y daba un poco de miedo, pero era lo único que encontramos…se llamaba Greyhills, o algo similar. Para los que quieran ir “sobre la marcha”, les aconsejo que, al menos en esa zona de Arizona, reserven con algo de antelación.

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Día 7: Desayuno completísimo en un “dinner” y primera sorpresa positiva: todo el mundo era indio. Pensaba que era una especie de mito, que veríamos como mucho alguno puntualmente, pero me sorprendió gratamente ver que toda la zona estaba lleno de gente de esta etnia…muy curioso; y es que claro, hay 200.000 solo en esa reserva, así que tampoco es de extrañar. Rumbo hacia Monument valley, un lugar magnífico aunque no me imaginaba que fuera un circuito cerrado, una especie de “safari de rocas”. No sé por qué, pensaba que sería un lugar más abierto, viendo las montañas mientras que pasabas por la carretera. No, sólo hay un itinerario, circular y, además, con el camino en bastante mal estado en según qué tramo.

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Por la tarde, camino a Page y, de nuevo, sin alojamiento allí. Fuimos hasta la que teníamos pensado que fuera la siguiente parada en el camino, Kanab, y la verdad es que fue un acierto…por fin algo parecido a un pueblo, y además hacer dos noches en el mismo sitio siempre se agradece. Nos alojamos en el Parry Lodge, un motel histórico, cuyos propietarios ayudaron a realizar varios westerns y por eso todo el edificio de la entrada está lleno de fotografías de los rodajes y sus protagonistas. El edificio de las habitaciones merece una renovación, pero eso no resta encanto al lugar que, además, cuenta con un edificio de madera muy antiguo donde cada noche proyectan películas del oeste gratis.

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Día 8: Tocaba el Bryce canyon, que sin duda fue uno de los mejores momentos del viaje. Espectacular, casi incluso más que el Grand canyon. Hicimos el recorrido típico, Navajo loop, algo duro por el calor y las subidas aunque totalmente asumible, y vale muchísimo la pena. Impresionante, realmente te quedas sin palabras: las formas, los colores, todo…de nuevo, lo peor, la gente. El servicio de shuttle en este parque no está tan bien señalizado como en el Canyon o en el que visitaríamos al día siguiente (Zion).

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Por cierto, no hicimos el Antelope, pero sí fuimos al Horseshoe bend…brutal, otra de las cosas que te hacen preguntar “¿es esto posible?”.

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Día 9: El Zion National Park. Aquí cometimos el error de hacer un recorrido, el de los tres estanques, que seguramente no fuera el mejor. A ver, era bonito, que se me entienda, pero nada que no encuentres en los Pirineos. Seguramente nos perdimos lo mejor del parque, pero no había tiempo para mucho: quedaban tres horas hasta Las Vegas. La entrada este del parque, eso sí, es espectacular.

Día 10: No queríamos estar en el “barullo”; no somos de jugar a casinos y como mucho lo queríamos ver como curiosidad antropológica. Teniendo en cuenta esto, la ciudad  no me decepcionó. Sin duda, es una ciudad muy auténtica…sí, habéis leído bien. Barcelona se ha convertido en un parque temático, y Venecia también. Han perdido su esencia. En cambio, la esencia de Las vegas es lo kitsch, lo falso, la grandilocuencia y lo hortera…y en ese sentido, encuentras esto exactamente. Nos alojamos en un motel, Best western, a unos 10 quilómetros del Strip. Como digo, lo quería ver “desde fuera”, no era una prioridad el meterme en el barullo.

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Día 11: La idea era ir a Death valley. Pero pensándolo bien, era estar todo el día metido en el coche (ir, volver y el rato de por ahí). Así que acudí a los consejos “foreriles” y di con el Valley of fire, a una hora solo de Las Vegas y además un lugar donde se pueden hacer excursiones a pie. Resultó ser uno de los mejores momentos del viaje. Para alguien que no se esperaba mucho y que se perdió lo mejor del Zion, solo puedo decir una cosa: espectacular. El recorrido hasta la Firewave es brutal, realmente parece que estés en otro planeta. El White dome no lo pude hacer porque casi me da un chungo del calor que hacía. Pero me quedo con uno de los mejores momentos del viaje.

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Por la noche, vuelta por Freemont, más auténtico y con más encanto que el strip. No perderse el Golden nugget, el casino con más tragaperras del mundo, y los frikis de la calle.

 

Conclusiones del viaje:

 

-San Francisco: tenía unas ganas enormes de ir allí y me decepcionó un poco. La ciudad es muy bonita, muchísimo, con las casas victorianas, el encanto de los barrios, el puente….pero entre el mal tiempo y, sobre todo, que eché de menos algo de “ambientillo” (quizás por ser agosto, pero la ciudad estaba un poco muerta) no acabé de disfrutarla. Una pena, era lo que más me motivaba del viaje.

-Parques naturales: soy urbanita, me encantan las ciudades…pero debo reconocer que con lo que más disfruté fueron los parques. Impresionantes, con muchas opciones y muy bien organizados. Grand Canyon y Bryce, espectaculares. Y esa joya desconocida que es el Valley of fire State Park, altamente recomendable.

-El viaje en coche: quizás por el mito que todos tenemos en la cabeza, no se cumplieron las expectativas. Me explico: el paisaje es espectacular pero, al pensar en “el oeste americano”, te viene imágenes de poblados abandonados, gasolineras destartaladas con un indio dormitando y un perro tirado, y moteros por todos lados…y no fue así. Los pueblos no tenían ningún encanto y, aunque no es la prioridad en un lugar así, hubiera estado bien, aunque fuera solo para hacer alguna que otra parada de interés. Quizás fue por la zona (Arizona es menos “oeste” que Utah en este sentido) o porque no hice nada de la Ruta 66, pero las imágenes clásicas de los poblados (que no de los paisajes) no los supe encontrar…fallo mío, claro, por hacerme una idea de lo que no era. Con todo, lo compensa el paisaje, que es espectacular. Es por ello que al año siguiente fui a Colorado, donde sí pude ver todo lo que me había faltado en este viaje: https://tripfulness.com/2017/09/07/colorado-y-el-este-de-utah-estados-unidos/

 

 

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