Reflexiones viajeras: Lo que esconde el verbo “acabar”.

En los años 90 es cuando empecé a viajar regularmente. Recorrí las islas Británicas y Europa central y del sur decenas de veces, en coche con mis padres y en tren con mis amigos. Sobre todo en verano, con lo cual en varias ocasiones se dio el caso que visitaba la misma ciudad con apenas dos semanas de diferencia, pero con diferente compañía. Y me daba absolutamente igual “repetir”. De hecho, me gustaba.

En aquella época, cuando empecé a viajar, no pensé “empiezo a viajar con el objetivo de acabar visitando todos los países del mundo”. No. Empiezas un curso con el objetivo de acabar. Empiezas una carrera atlética con el objetivo de acabar. Pero no empiezas a viajar con el objetivo de “acabar”. ¿Acabar qué, me pregunto?

Pero no, parece que ahora sí va de esto la cosa en mucha gente. Hay que “acabar”. Y de verdad que no lo entiendo. No sabía que viajar tenía un objetivo final, un objetivo en este sentido. Pero ahora es casi una obsesión en muchos viajeros, y esto me hace cuestionarme varias cosas. Quien dice acabar dice completar; para el caso es similar.

Esta tendencia lleva en muchos casos a situaciones tan absurdas como que alguien que ha estado dos días en dos países diferentes “suma” dos países, mientras que alguien que ha recorrido durante meses países de un interés mayúsculo, como pueden ser la India, China, Estados Unidos, México, Italia o España mismo, solo habrá “sumado” un país. Es bastante esperpéntico, pero se le dará mérito al primero.

Otra situación absurda fruto de esta obsesión es que, quien ha visitado una ciudad un par de días, en la búsqueda de ese “acabar”, prefiera ir a otro país, aunque éste tenga un interés intrínseco nulo o prácticamente nulo, antes de recorrer más o menos a fondo ese país donde ha estado dos días, porque ya lo ha tachado de la lista. No sé muchas personas, pero yo visito las cosas que me parece que tienen interés de por sí, no porque sea “necesario” para cumplir ese objetivo de “acabar”.

Sé que quizás me caiga algún palo por este artículo. Tengo amigos de hecho que tienen ese objetivo, el de ir a tachar países. Me dirán que son libres de hacerlo, y evidentemente es cierto. Pero también yo soy libre de escribir mi opinión.

Otra de las absurdidades, porque esto ya puede llegar incluso a la falsedad, es que esta gente se considera “la más viajada”. Podrán decir que son los que han viajado a más países pero…¿la más viajada, así en general? Es posible…más bien, diría que es muy probable, que haya gente que haya estado en cincuenta países menos que ellos, pero haya viajado más: habrá estado más días de viaje y/o habrá visitado más ciudades o regiones o lugares patrimonio mundial: úsese cualquier otro parámetro o variable para definir mejor el término “más viajado”, o peor aun, “mejor viajero”, que no sea el del simple número de países pisados. Y digo pisados y no visitados para definir mejor esto.

¿Mas situaciones absurdas? Ahí va otra: los Estados son entes artificiales, y esto puede provocar incoherencias y más momentos ridículos. Pongamos por caso que alguien que ha estado en todos los países del mundo, de Gran Bretaña solo ha visitado Londres y de Serbia solo ha estado en Belgrado. En un momento dado, Kosovo completa su proceso de independencia, o Escocia también se separa del Reino Unido. Entonces, alguien cuyo objetivo es haber estado en todos los países del mundo… ¿tiene que ir a Kosovo o a Escocia? No pisó estos territorios aunque sí visitó los Estados a los que pertenecían. Pero claro, ahora son países independientes donde no ha estado. Si decide ir porque no había estado… ¿Por qué no fue antes y ahora sí? Esto demuestra que lo que este “nuevo” país tiene que ofrecer realmente le importa un pimiento, si no ya lo hubiera visitado antes. Le da igual el interés (o no) que pueda tener este lugar, la cuestión es estar por el propio hecho de estar. El único aliciente de este lugar es que antes no estaba en la lista, y le da igual lo que haya que ver allí (si no, repito, ya hubiera ido antes). No va porque le parezca interesante lo que hay, sino porque antes no contaba y ahora sí.

Yo ya anticipo que nunca “acabaré”. En primer lugar, porque nunca empecé con esa intención. Pero siendo más concreto, porque hay no menos de 40 países a los que no quiero ir porque sé que no me aportarán absolutamente nada. Sí, no seamos políticamente correctos: hay países que no tienen ningún interés. Y yo, como no soy masoquista, procuro evitar hacer cosas que no quiero hacer, a no ser que sean obligatorias, como el caso de pagar impuestos o los tactos rectales por exigencias médicas. No pienso invertir tiempo y dinero en ir a un país que no me motiva visitar. No es esa la filosofía ni el motivo por el que viajo.

Se dice que un viaje consta de tres partes: la preparación, la propia estancia en el país y los recuerdos y “asimilación” de dicha estancia. A mí me encantan, disfruto, de las tres partes. Antes del viaje leo, me documento y aprendo, para disfrutar más de la segunda parte. Me encanta cuando llega a formar parte de mí, cuando en parte lo siento mío. Cuando conecto con él. Pero para mucha gente, la primera parte se limitará a temas prácticos y logísticos (cómo conseguir el visado, lo cual muchas veces es un coñazo, para ir a ese lugar, y el desplazamiento hasta llegar a él, cuyo tiempo empleado será mayor que la propia estancia en dicho lugar). Lo de conectar y tal, ni por asomo. La tercera parte es simplemente una muesca, una chincheta en el mapa. Todo ello lo digo desde el conocimiento de causa: he trabajado ocho años para una agencia africana y algunas peticiones de ruta me dejaban absolutamente anonadado: gente que quería un viaje de cinco días que incluyera Costa de marfil, Ghana, Togo, Benín y Nigeria, por ejemplo. O sea, simplemente estar metido en un coche y vivir la única experiencia particularmente interesante y excitante que se puede vivir en tan poco tiempo en África: pasar fronteras. Profundizar en el país, visitar algo más que las feas grandes ciudades de la costa del golfo de Guinea… ¿Para qué? Si con simplemente entrar y estar dos días ya te ponen el sello en el pasaporte, ¿para qué invertir más tiempo?

En definitiva, que lo de “acabar” tiene una connotación digamos que “peligrosa”. Es triste, aunque este es su problema, que aquellos que están solo tres días en un país (y más triste aún si ese país tiene un interés enorme), ya no tengan motivación para ver el resto de dicho país. Ese realmente es su problema y, como decimos en catalán, “ja s’ho faran”. Pero lo que roza algo la indignación, como he dicho, por ser falso, es que se usen adjetivos de superioridad (superioridad gramatical pero que, no es casualidad, en muchos casos es algo más que gramatical) como “mejor viajero”, o “más viajado”, porque además de que probablemente sea falso, convierte este mundillo cada vez más superficial en una competición con la que no me identifico en absoluto.

Para mí viajar supone la ilusión de conocer un país. Y ese país para mí tiene un valor en sí mismo, una finalidad en sí misma. No es un medio para nada, como el sumar o, peor aún, el ser tachado. Un país para mí no es un paso más para “acabar”. Es un fin en sí mismo, como el propio hecho de viajar.

Foto: Turquía, 2001. Hace 25 años nadie contaba países

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