Lo he dicho muchas veces. Para mí, un gran viajero no es el que ha estado en muchos países. Eso es muy fácil si tienes tiempo y dinero. Ni tan siquiera el hecho de vivir situaciones “extremas” de por sí en esos viajes, porque lo que es “extremo” para uno puede ser fácil para otro. Para mí, alguien que no ha salido de su barrio y al viajar se encuentra con alguna dificultad e intenta sortearla, ese es un gran viajero. Y eso puede ser subir al Everest o intentar sacarse un billete de metro en otra ciudad. La dificultad es subjetiva. Visitar 100 o 150 países no te hace mejor viajero (y simplemente “haber estado” en ellos aún menos). Viajar intentando superar las dificultades que van saliendo, sean del nivel que sean, eso es lo que hace para mí grande a un viajero.
El pasado 21 de marzo se celebró el Día Mundial del Síndrome de Down. Mi hermano Víctor tiene este trastorno genético. Mi hermano Víctor ha hecho trekkings en Islandia, Noruega, Irlanda, Dinamarca, Estados Unidos y Georgia. Ha pateado kilómetros y kilómetros por Bangkok, Budapest, Londres, Estambul, Viena, Hanoi, París, El Cairo y Nueva York. Con la familia, fuimos hasta Hungría y hasta Grecia en coche y volvimos. Él no tenía ni 10 años y no se quejó ni un solo momento.
Entre muchos otros lugares, mi hermano Víctor también ha visitado iglesias en Inglaterra, Armenia, Francia y Alemania, templos en Angkor y Egipto y desiertos en Marruecos. Ha hecho todo esto con la impagable ayuda y el amor incondicional de mis padres, pero lo ha hecho. Pero es que todo el mundo, por muy aventurero y solitario que sea, necesita ayuda.
En una época en la que mucha gente está obsesionada en contar países, mi hermano no lo haría nunca. No sé si sabe contar hasta más de 10 pero, si supiera, dudo que lo hiciera. Le importa muy poco saber en cuántos ha estado, y le importa muy poco ir sumando conforme los va visitando. Eso son sólo números, y no dicen realmente nada. Él sólo quiere seguir andando hasta que se cansa.
El coeficiente intelectual es lo que marca la diferencia entre lo «normal» y lo «subnormal», adjetivo usado cretinamente por muchos como un insulto. Pero, igual que los países visitados, es solo un número. ¿Tiene a caso importancia eso? El coeficiente intelectual se puede medir, pero la felicidad de mi hermano cuando viaja no.
Mi hermano Víctor es un gran viajero.



