Viaje y confinamiento

Libro durante el confinamiento: Biografía del silencio (Pablo d’Ors)

“Vivir demasiadas experiencias suele ser perjudicial…cualquier experiencia, aún la más inocente, suele ser demasiado vertiginosa para el alma humana”. Esta frase la encontramos en esta obra donde el teólogo Pablo d’Ors habla sobre la meditación. Y yo, viajero apasionado, no puedo estar más de acuerdo con él. Es la sexta vez que leo este magnífico librito, y sin duda ahora, en esta situación de confinamiento, es una de las más pertinentes.

Una de las ideas principales de este blog, y que de hecho, es lo que intento aplicar a mis viajes, es que éstos no sirven para “desconectar”. Mucha gente viaja con este propósito. Yo intento que no sea así. Un viaje no es algo desligado de mí mismo (y tampoco es algo para el “encuentro” de mí mismo, que es como muchos lo ven). No, para mí un viaje es un ejercicio de atención y de conciencia del momento presente que no es más que un aprendizaje para el día a día. Simplemente que, en un viaje, es más fácil y, por tanto, es una buena práctica. Si cuando estamos fuera, en otra ciudad que no es la nuestra, en un país extraño, nos sentimos atraídos por lo que es diferente…¿por qué no podríamos sentirnos fascinados en nuestro día a día por las cosas que, no diferentes, lógicamente, pero sí que nos pasan desapercibidas? Y no me refiero sólo a contemplar edificios y personas…me refiero directamente a realizar cualquier gesto, por nimio que sea, con atención.

Estamos en un lugar lejano y nos sorprende la arquitectura, el lenguaje que escuchamos, el color del cielo, el sabor de los alimentos, el alfabeto en los carteles de las tiendas, el vestuario de la gente, su fisonomía…¿Por qué no podemos apreciar los mil detalles de lo cotidiano? Y no sólo lo que hay en el exterior…el placer de sentir el agua al ducharse, el contemplar ese rayo de luz que entra por la ventana, el degustar lo que cocinamos, saboreándolo en silencio…¿por qué la belleza de lo corriente no es apreciada, por qué pasa desapercibida, y sí la belleza de lo diferente?

Por otro lado…en un viaje, cada día es único. Hoy estamos en una ciudad donde nunca hemos estado y mañana ya no. Cada día “visitamos” nuevos lugares, vemos cosas novedosas. Cada día nos preguntamos qué nos deparará una jornada en un país al que quizás nunca volvemos. ¿No sería magnífico tomarse así cada uno de los días de nuestra vida?

Sí, viajar no es, para mí, desconectar. Es sin duda un buen aprendizaje para el viaje diario. Complicado, lo sé. Mucho. Y si esto ya es difícil (y aquí quería llegar con esta introducción), en la situación de confinamiento actual esto se lleva a la máxima expresión. Diríamos que es ya de matrícula.

 

Hay una escena de la película “Smoke”, de Wayne Wang y Paul Auster, de 1995 en el que uno de los protagonistas, interpretado por Harvey Keitel realiza una fotografía de un trozo de calle siempre cada día a la misma hora, en el mismo minuto. Cuando le enseña el álbum a otro personaje, el que interpreta William Hurt, éste le dice que todas las fotos son iguales. Keitel le hace ver que no. Que, aunque estén tomadas siempre en el mismo instante y el encuadre sea el mismo, todas ellas son diferentes: en algunas aparece alguien y en otras no,  la luz varía según el clima del día, etc. Además, el protagonista le dice que ese es su mundo, y en ese punto, donde toma la foto, pasan cosas como en cualquier otro lugar del planeta. Lo meritorio, lo increíble y lo valioso no es ver y apreciar lo extraordinario en otros sitios, lejanos y diferentes, sino hacerlo en nuestra ciudad. Y, más aún, como en estos días, verlo en nuestra casa.

 

 

No tiene mérito gozar con lo diferente. Apreciarlo, sorprenderse. Lo meritorio, y ahí realmente es el aprendizaje de vida que nos pueden enseñar los viajes, es hacerlo con el día a día. “Cuanto más lejos vayas, menos aprenderás”, decía Lao Tsé en el Tao Te Ching. Y es cierto, y puede extrañar que lo diga un amante de los viajes como yo. Pero precisamente…viajar es apreciar lo que te brinda el lugar, intentando no juzgar, ser consciente de que cada momento y sitio son únicos. Y esto solo lo vemos una vez estamos encerrados sin poder salir. Una travesía entre cuatro paredes que puede ser apasionante si podemos aplicar lo que hemos aprendido saliendo fuera. Así es una muy buena manera de apreciarlos y aprender de ellos. ¿Por qué? Pues porque si los viajes fueran la vida, querría decir que ésta casi nunca es vivida. Y, yo al menos, no quiero que la mía sea así.

 

Escribe Pablo d’Ors en Biografía del silencio: “Hoy sé que conviene dejar de tener experiencias y limitarse a vivir: dejar que la vida se exprese tal como es, y no llenarla con viajes, libros, espectáculos o búsquedas (…) La verdadera vida está detrás de lo que llamamos vida. No viajar, no leer, no hablar…todo esto es casi siempre mejor que su contrario para el descubrimiento de la luz y de la paz”. Una afirmación brutal y que ahora, más que nunca y obligados por las circunstancias, debemos decidir si tomamos o no: el confinamiento nos ha puesto un espejo delante y es posible que muchos vean algo que no les gusta: que “sólo” vivir, esto es…respirar y atender a cualquier detalle, sin imaginar el futuro porque sólo hay el presente, es mil veces más vertiginoso que cualquier aventura en cualquier país lejano. Corremos el riesgo de vernos vacíos. Por ello decidimos llenarnos con experiencias. Entre otras, un viaje, sí.

“La conciencia es unidad consigo mismo. Cuando soy consciente, vuelvo a mi casa”. Esta frase que encuentro en el libro define la cuestión. El mundo del viaje no es real. Quizás sólo seamos nosotros mismos cuando estemos en casa…metafórica o real. Y ahora, por las circunstancias, es real.

El virus nos ofrece una oportunidad radical para que realicemos el viaje más difícil de nuestra vida: no es meritorio disfrutar de lo exótico o lo diferente. No es, en el fondo, satisfactorio querernos llenar con vivencias que en el fondo son banales…el viaje de nuestra vida es ahora: aquel en el que tenemos que apreciar y aprovechar sólo lo que tenemos a nuestro alcance, en nuestra casa. De nosotros depende que este viaje, es decir, que nuestra vida, valga la pena.

 

 

 

Foto superior: Monte Kazbegi, en la cordillera caucáusica (Georgia)

12 respuestas para “Viaje y confinamiento”

  1. Maravilloso mensaje, maravillosa reflexión! … hacía tiempo que no leia algo tan valioso y con lo que me siento era tan identificada…..
    Alguien como yo que siempre estoy organizando viajes, por vacaciones, os rumores que puedo… La mejor excusa merece de un viaje!!! .. salvo ahora.. que mi viaje es en casa, y dónde estoy feliz!!😊🤞

    Me leeré el libro al que haces referencia!

    Este momento que vivimos es una lección, que seguro nos aportará un montón! ..

    Un cordial saludo , un abrazo

    Marina

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      1. Muy interesante lo que dices. La primera vez que le leí me sentí molesta con lo que decía, y claro, cuánta falta me hacía. Volví a leerle y lo entendí al momento. La sencillez con la que explica todo da una claridad tal que permite ver la riqueza que habita en mí en este maravilloso viaje que es la vida.

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  2. Una magnifica reflexió com sempre, es un gran plaer llegirte, sempre surto en idees noves dels teus escrits. Es absolutament cert que el mon del viatge es irreal. L,altre dia li vaig preguntar a Andre Brugiroux si la seva vida havia valgut la pena, i crec que ara que no esta viatjant es mes feliç. Me permeto recomenarte un llibre que segur no has llegit, perque es nou, i parla molt de la semiótica dels viatges, lo real i lo inventat,,, en realitat toca més temes de conceptes i estetica viatjera, es diu “Los Mitos del Viaje” de Patricia Almarcegui. Es aplastantment certer. M, agrada perque ha cambiat el focus i es situa dins dels viatgers, pero raonant que estaven pensant al escriure els seus viajes.. hi han de totes epoques i destinacions. Per favor, segueix fent post tan bons.. Gracies

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    1. Agustí, moltíssimes gràcies per llegir-me, pels comentaris que fas (tot un honor venint d’un gran viatger com tu) i per la recomanació (ja et vaig dir que el del Tiziano Terzani me’l vaig llegir gràcies a tu), i que de ben segur seguiré. Una forta abraçada!

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  3. Esto nos está empezando a hacer valorar las cosas pequeñas, ese mundo minúsculo al que en ocasiones vemos casi corriendo. Pero amigo, está convirtiendo en lo vivido durante los viajes en algo mucho más grande y valorable. Sucede como cuando al diabético le dicen que se acabó eso de comer tarta de limón… Que el sabor en su mente crece y crece hasta ser incluso mayor y mejor que el real.

    Pues eso me pasa estos días, que incluso darme un paseo por el parque de aquí al lado lo veo exótico y casi incalcanzable. Volveremos más fuertes. Necesitamos saborear lo que un día nos han retirado del plato…

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  4. Qué rato más bueno al leerlo¡¡ muy chulo, reflexivo..
    El día a día puede ser un planazo¡¡ Es como ir en metro, puedes sentirlo como una rutina agobiante o como toda una experiencia si echas a volar la imaginación y observas a la gente e imaginas una historia para cada persona que está dentro del vagón, yo lo hago y me encanta, así con todo, dentro y fuera de casa, lo tenemos en nuestra mano…
    Estupendo como siempre¡¡

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