Uzbekistán y Kirguistán

He englobado estos dos países en una misma entrada porque, al menos a mi modo de ver, son complementarios para aquel viajero interesado tanto en la cultura como en la naturaleza. Soy consciente que asociar Uzbekistán con el primero y Kirguistán con el segundo es un reduccionismo injusto para ambos países…pero es solo una forma de hablar.
Nunca había estado en Asia Central y me motivaba bastante el hecho de que hubiera países ex soviéticos que a la vez fueran islámicos. Otra reducción injusta, lo sé, pero encontraba que eran alicientes lo suficientemente motivadores como para viajar hasta allí, debido a que estos factores (y muchísimos más) dotaban a esa zona de una particularidad cultural y arquitectónica muy interesante. ¿Mezquitas de bellas cúpulas junto a edificios estalinistas? ¿Comida halal con influencia rusa? ¿O viceversa? ¿Vodka para una religión que prohíbe el alcohol? Me preguntaba hasta qué punto casi 90 años de dominio soviético habrían afectado a unas culturas, la uzbeka y la kirguís, que ya de por sí no era más que un conjunto de influencias anteriores (de hecho… ¿qué cultura no es así?).
Pero en esta zona del mundo este conglomerado se hace aun más patente, por ser un tradicional lugar de paso de comerciantes, exploradores y ejércitos (no hace falta acudir al sobado cliché de la ruta de la seda). En la entrada sobre Georgia hablé sobre la importancia de la situación geográfica en la configuración de la idiosincrasia de las naciones. En Asia Central sucede algo parecido pero a mayor escala, puesto que esta zona, situada en una posición privilegia, ha sido anhelada por diferentes potencias casi a lo largo de toda la historia de la humanidad, desde Alejandro Magno hasta la India, China y Rusia, pasando por multitud de civilizaciones intermedias. “El gran juego” es cómo se llamó la disputa entre los imperios británico y ruso durante el siglo XIX por esta zona del mundo a raíz de la conquista de la India por parte de los primeros. Todo lo que quedaba en medio, incluyendo entre otros el Cáucaso y Afganistán, fue objeto de deseo por parte de los colonizadores.

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Plaza Raguestán, en Samarcanda

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Mujer uzbeka. Es típico pintarse las cejas y tener los dientes de oro

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Osh Bazar, en Biskek

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Interior de una yurta en Kirguistán

 

Lo de “viajar para romper estereotipos” es algo que no comparto demasiado. Para lo que sí sirve viajar es sobre todo para matizar una realidad. Definir los países de Asia Central como “islámicos y ex comunistas” no es incorrecto e, insisto, esta combinación, que debe ser única en el mundo, ya de por sí hace que sean suficientemente atractivos como para ser visitados. Pero es incompleta. Lógicamente hay mil matices en todo ello, pero siempre complementarios.

A nivel de interés, digamos, turístico, en Uzbekistán destacan sobre todo las madrasas y las mezquitas de ciudades como Samarcanda, Bukhara y Khiva (a esta última no fui). Kirguistán por otra parte es un destino ideal para los amantes de la naturaleza y, especialmente, el montañismo. A pesar de que la mayoría de edificios islámicos uzbekos son reconstrucciones del período soviético (más que nada porque los conquistadores, empezando por Gengis Kan, destruyeron todo), no por ello tienen menos interés. Hay en las zonas monumentales de Samarcanda (destacando la conocida plaza del Registán) y Bukhara cierto componente de “parque temático”, sin vida local y todo enfocado a los turistas, pero saliendo de estas áreas se puede encontrar una realidad para mí mucho más interesante, con madrasas antiguas que se caen a pedazos, casas de adobe y ladrillo con puertas de madera bellamente decoradas y, sobre todo, la cercanía de la gente. Este es otro tópico viajero (“lo mejor del país es su gente”) pero realmente en estos dos países es algo totalmente cierto. No sé si lo mejor, pero vi que los uzbekos y los kirguises son dos de los pueblos más hospitalarios que he conocido nunca. He perdido la cuenta de las veces que en Uzbekistán alguien quería charlar conmigo, invitarme a su casa y ofrecerme té o fruta. Fui invitado incluso a dos funerales y agasajado con todo tipo de comida, incluyendo el plov, el plato nacional por excelencia, compuesto de arroz, garbanzos, uvas pasas y carne. En Kirguistán, por su parte, esta experiencia es especialmente increíble con los semi-nómadas. Durante los meses de verano muchas familias se instalan en yurtas en las zonas altas, a veces alrededor de los lagos, como el Song Kol, donde yo estuve, para que el ganado pueda comer un pasto más verde y fresco. En invierno es imposible, por las bajas temperaturas. Mientras los hombres pasan el día fuera con las vacas y los caballos, las mujeres se dedican a cocinar y a ordeñar para hacer mantequilla, kéfir, smetana (la típica crema rusa) y kummus, la bebida más famosa de los nómadas, hecha a partir de leche fermentada de yegua. Pude pasar un día (y una noche) conviviendo con una familia, viendo su cotidianeidad, y fue una experiencia asombrosa.

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Yurta nómada en el lago Song Kol

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Nómadas kirguises

 

El islam es muy laxo en estos países pero… ¿Qué hay del comunismo? ¿Ha desaparecido? La URSS cayó, pero en Kirguistán, como también pasa en otros países ex soviéticos, aún está muy presente. No solo por la nacionalización de muchas empresas y la forma de gobierno personalista de muchos de los estados….también en cuanto a los símbolos. Las estatuas ni han sido retiradas, como en los países bálticos, ni han permanecido en el mismo sitio, como en Bielorrusia. La decisión ha sido algo diplomática, para contentar a todo el mundo: así, el Lenin que había delante de Museo nacional de Biskek, la capital del país, en la principal plaza de la ciudad, Ala Too, ha sido re-ubicado a la parte posterior. Ya no se ve tanto, pero sigue ahí.
Este hecho es sintomático de todo lo que rodea estas repúblicas soviéticas. Es un “sí pero no” que define muy bien su carácter, determinado, como he dicho antes, por las mil y una influencias de todos los pueblos que han pasado por esa zona durante cientos de años. Es un territorio entre Europa, Rusia, el subcontinente indio y extremo oriente. Casi nada. Es un “sí pero no” porque son islámicos pero pocos siguen los preceptos de esta religión. Es un “sí pero no” porque se reivindican después de la caída de la URSS cuando en realidad antes de ella no existían como Estados. Fue Stalin quien creó unos territorios con tiralíneas en lo que antes eran solo una agrupación de etnias y naciones. Y así de mal fue, con zonas en disputa debido a una división a menudo aleatoria, haciendo que antiguos pueblos pasaran a pertenecer a estados artificiales. Los enfrentamientos en el valle de Fergana, zona asignada a Uzbekistán pero con una importante comunidad kirguís, son sintomáticos. Y hoy día, en su reivindicación nacional pero ante la inexistencia de estados previos, se necesitan símbolos y héroes, aunque sea de forma forzosa. El aeropuerto de Biskek lleva por nombre Manas, que fue el protagonista de un poema épico (veinte veces más largo que la Odisea de Homero, por cierto). En Uzbekistán, Timur es el hombre aclamado…cuando, estrictamente hablando, nunca fue uzbeko. Son literamente dos estados nuevos.

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Comiendo helado en Bukhara

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Minarete Kaylon en Bukhara; lo único que quiso dejar en pie Gengis Khan tras destruir toda la ciudad

 

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Comida tras un entierro en Samarcanda

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Mauselo de Tamerlán, en Samarcanda

 

Efectivamente, viajé con la idea preconcebida de visitar “países ex soviéticos y musulmanes”, con lo que esto tenía esto de peculiar. La tercera pata, que contribuía aún más a este exotismo y particularidad, eran las facciones de la gente…especialmente en Kirguistán, donde los ojos son achinados. Me marché dándome cuenta que estos tres rasgos definitorios no eran más que lo que habían dejado tres grandes imperios que habían pasado (y muchas veces arrasado) por allí: por el este, desde China, la fisonomía de la gente. Por el norte, desde Rusia, el comunismo. Y por el sur, desde Arabia, el Islam. Y que, debajo de todo esto, el substrato es una serie de etnias y pueblos, la mayoría nómadas, a los que les impusieron todo lo anterior por la fuerza.

Los actuales Uzbekistán y Kirguistán no eran más que un conjunto de etnias y tribus sin Estado, en una zona por la que habían pasado mil y una civilizaciones, todas ellas dejando su poso. Hoy tienen una bandera y unos héroes propios que les unen a todos.
Nunca me ha gustado hablar de “esencia” porque implica un determinismo. Lo que tengo claro es que estos pueblos no tienen esencia, y no lo digo precisamente como algo negativo. Su atractivo está en su complejidad, fruto de muchísimas influencias. No es justo reducirlo a “países islámicos ex soviéticos”. Es cierto, claro. Pero son mucho más. De hecho, como (casi) cualquier otra lugar.

Anochecía en el lago Song Kol cuando, por un agujero en el vallado, más de 100 ovejas de la familia con la que me alojé se escaparon. Estaba oscureciendo y me parecía imposible que aquellos nómadas fueran capaces de volver a reunirlas a todas (algunas de ellas habían “huido” a más de 100 metros y en todas las direcciones) y meterlas de nuevo en el cercado. Pero lo hicieron. Yo aluciné. No sé cómo, pero lo hicieron. Con silbidos, con palmas, con golpes en el suelo y con alguna que otra amenaza.
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Plaza Ala Too en Bishkek

 

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Madrasa Mir Arab en Bukhara

 

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Mezquita de Bibi Xanoum en Samarcanda

 

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Metro de Tashkent

 

 

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3 Replies to “Uzbekistán y Kirguistán”

  1. No hace ni media hora que estaba mirando por curiosidad (de hace ya unos cuantos años) las combinaciones de vuelos a Uzbekistán, desde Madrid. Y de repente abro el correo y me encuentro con esta entrada de tu blog… No, yo tampoco voy a caer en tópicos, ni voy a hablar de “señales”…., como mucho de casualidades, gratas casualidades de la vida.

    En fin, que me ha encantado el análisis que has hecho de ambos países, Xavi, que te has cargado el reduccionismo al que todos tendemos en sólo unas líneas (no es nuestra culpa, de alguna manera hay que tratar de explicar las cosas, no??) y que me llama mucho más conocer esa parte tan poco transitada por el turista oficial.

    Un gusto volver a leerte, que ya hacía tiempo!

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  2. Gracias por el comentario! si te animas, como digo, combinarlo con Kirguistán es una buena idea, aunque esto depende de las inquietudes de cada uno. Por supuesto que Uzbekistán da por sí mismo para un viaje…así que si te animas y me quieres preguntar, te puedo aconsejar en algunos temas. ¡Saludos!

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  3. Por cierto, me quedo con esta reflexión:

    “Lo de “viajar para romper estereotipos” es algo que no comparto demasiado. Para lo que sí sirve viajar es sobre todo para matizar una realidad.”

    Es una genialidad! 🙂

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