Los pigmeos son una de las etnias más conocidas, casi míticas, de toda África. No los son por sus vestimentas, ni por sus rituales ni por tener escarificaciones o tatuajes. Lo son por algo que les ha hecho famosos en todo el mundo: su baja estatura.
Como amante de la etnografía, siempre había querido conocerlos, y por fin pude no solo visitar un par de poblados sino convivir con ellos y seguirles en sus actividades cotidianas, relacionadas sobre todo con su método de subsistencia: los pigmeos viven como hace más de 12.000 años, es decir, no son agricultores ni ganadores, sino cazadores-recolectores. Esto es algo realmente impactante y parece mentira que haya gente que viva así en pleno siglo XXI.
Hay varios grupos de pigmeos, con sus características diferenciadoras. Yo pude conocer a dos de ellos, los baka y los bagdeli. Ambos tienen una forma de vida, como he dicho, igual, basada en la subsistencia, pero los métodos son diferentes. Por ejemplo, los baka cazan usando humo: localizan una madriguera de una rata de campo o de un puerco espín, tapan los agujeros excepto uno por el que meten humo y, al escapar al presa, la cazan con un machete. Los bagdeli, por su parte, utilizan perros y lanzas.


Ambos recolectan miel, que localizan en lo alto de los árboles: con el propio machete hacen más grande el agujero, introducen humo para hacer huir o aturdir a las abejas, y extraen la miel. Tanto unos como otros son grandes conocedores de los poderes curativos de las plantas y árboles, que usan de forma medicinal. Dentro de ello no incluyo la elaboración de vino de palma, con el que cogen unas cogorzas importantes.
Baka y badeli hablan diferentes idiomas; estos últimos, por ejemplo, se comunican en lengua bantú, y son más bajos que los primeros. Pero ambos creen en Edjengui, la divinidad del bosque, a la que veneran. Es ella la que proporciona protección y lo que necesitan para vivir o, mejor dicho, sobrevivir.
Los bagdeli viven en el este de Camerún, cerca del océano, pero no acuden a él a pescar. Solo lo hacen en charcas y ríos, igual que los baka. Para ello, construyen una pequeña presa con barro y del agua estancada extraen peces, muchas veces de debajo de la tierra.
Los baka viven en una zona protegida, la Reserva de Dja, que está declarada como Patrimonio mundial por la Unesco. Es por ello que a veces son perseguidos por los guardas forestales, lo que hace peligrar su forma de vida tradicional. Cazan muy poco así que no creo que vayan a exterminar a la fauna del lugar, cuando además se talan bosques de forma ilegal para comerciar con la madera, y todo con el beneplácito de un presidente, Paul Biya, que recientemente ha «ganado» las elecciones por séptima vez consecutiva tras hacer desaparecer a la oposición de una forma poco sutil. Ante la corrupción política de Camerún, me temo que ni Edjengui podrá salvar la forma de vida milenaria de esta pequeña gran tribu que son los pigmeos.









